1957-1963: La creación del Instituto de Biología Celular y la dirección de Rinaldini.

El IBC nació durante la presidencia del general Aramburu. En 1957 se asignaron, por decreto 14470/57 del Poder Ejecutivo Nacional,  $5.000.000 para la habilitación y equipamiento de un Instituto de Biología y Patología Celular dependiente de la FCM-UNC.

El 16 de abril de 1958 el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Médicas (HCD-FCM) aprobó la creación de este instituto de investigación e hizo lo propio el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Córdoba el 27 mayo del mismo año. El HCD-FCM decidió denominarlo “Instituto de Biología Celular” y aprobó el correspondiente Reglamento en noviembre de 1959[7]. La Universidad también proveyó fondos adicionales para adaptar a las necesidades del Instituto un edificio ya existente[8].

Se designó como director del IBC al Prof. Dr. Luis M. Rinaldini quien, al mismo tiempo, se haría cargo de la Cátedra de Histología y Embriología de la Escuela de Medicina de la UNC. Éste había sido discípulo de  Houssay[9] y había pasado los diez años anteriores en Cambridge trabajando en investigación del cáncer y en la enseñanza de la Histología[10]. El Dr. Rinaldini inició su clase inaugural con estas palabras:

“Después de diez años de ausencia, es para mí una gran satisfacción volver al país.  Me siento particularmente feliz y orgulloso de poder enseñar en la Universidad Nacional de Córdoba, la más antigua y tradicional del país, donde nació la revolución que nos libró de la barbarie.”[11]

Asimismo, planteó que, como director del IBC, su principal objetivo sería “investigar y formar investigadores” y que esperaba centrar la actividad de su laboratorio en ciertos problemas de la regulación del crecimiento y multiplicación celular relacionados íntimamente con el cáncer.  También expuso que el otro aspecto “más urgente e inmediato” de su misión sería formar buenos médicos[12].

Mientras las refacciones del edificio que ocuparía el IBC estaban en proceso, se realizaron algunas investigaciones en locales prestados, entre otros, por el Instituto de Investigación Médica Mercedes y Martín Ferreyra.  Este último había sido inaugurado en 1948 por otro discípulo de Houssay, Oscar Orías[13].

Finalmente, el edificio del IBC se inauguró oficialmente el 24 de octubre de 1962 en una ceremonia en la cual estuvieron presentes el Presidente de CONICET – Bernardo Houssay – y autoridades de la Universidad y de la Provincia de Córdoba[14].

En esta primera etapa, el IBC estuvo dedicado a la investigación básica y la formación de investigadores en el campo de la Biología Celular.  Dentro de éste, la actividad se focalizó en problemas de crecimiento, división y diferenciación celular a nivel de organismos unicelulares, en aspectos inmunológicos y de la histocompatibilidad, y en la metaplasia y transformaciones malignas de ciertas células.

En su primer informe, Rinaldini mencionaba que el progreso había sido “lento y dificultoso” a causa tanto de los obstáculos financieros y administrativos a nivel de la UNC, como de la inestabilidad política y social que atravesaba el país[15].

Entre las dificultades que el primer Director tuvo que sortear estaban los problemas relacionados con la enseñanza de los estudiantes de Medicina. Ya en su clase inaugural, Rinaldini expresaba su preocupación por la falta de recursos humanos y materiales para la enseñanza de un excesivo número de alumnos[16].  No obstante, hacia los inicios de la década de 1960 ya se había logrado formar una cantidad adecuada de Instructores que colaboraban en la docencia y permitían a los investigadores dedicar más tiempo a sus respectivos proyectos[17]. En esta etapa, el personal científico del IBC comprendía seis investigadores formados que, además, tenían el cargo de Profesores Adjuntos, cuatro asistentes de investigación, tres investigadores asistentes y siete estudiantes entre post-graduados y graduados.  Se estimulaba a los jóvenes graduados que realizaban sus investigaciones en el IBC a colaborar con la enseñanza pero no se les permitía hacer más de seis horas de docencia por semana[18].

Entre los investigadores que conformaban el personal científico estable del IBC había médicos y bioquímicos, todos ellos menores de 40 años y con estudios de postgrado en el exterior.  Asimismo, todos se habían formado con prestigiosos maestros tanto en el país como fuera de él y contaban con varias publicaciones al momento de ingresar al IBC [19].

Los principios que guiaban la organización general del instituto se orientaban al trabajo en equipo, la libertad de investigación – dentro de las áreas delimitadas por su director – y el intercambio con científicos de otros laboratorios del país y del exterior[20].

Respecto de la infraestructura, al momento de su inauguración oficial, el IBC contaba con oficinas, biblioteca propia y laboratorios provistos con equipos modernos[21].

En síntesis, en sus inicios el IBC poseía los recursos humanos y materiales, y el apoyo político que permitían suponer, al menos, una muy buena producción científica y un crecimiento sostenido en los años por venir.

Resulta importante destacar que en el discurso de Rinaldini se advierte una visión de la ciencia y la investigación fuertemente marcada por sus años de formación en Inglaterra. Visión que, sin dudas, intentaría plasmar en la organización y funcionamiento del IBC.

Durante estos primeros cinco años de vida del IBC, la producción del grupo de investigadores liderado por el Dr. Rinaldini dio lugar a siete publicaciones en revistas científicas nacionales e internacionales y a diez presentaciones en reuniones científicas, la mayor parte de ellas realizadas dentro del país[22]