INSTITUTO DE BIOLOGÍA CELULAR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA, 1957-1976.

En este trabajo se describen y contextualizan las dos primeras décadas de historia del Instituto de Biología Celular (IBC) de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba (FCM-UNC).

 

Contexto histórico-social y científico

Esta primera etapa en la historia del IBC se desarrolló en un marco político y  social caracterizado por una enorme inestabilidad.  Luego de la Década Infame (1930-1943) y el golpe del ’43, el país fue gobernado por Juan Domingo Perón durante casi diez años (1946-1955).  En 1951, durante su presidencia, se creó el Consejo Nacional de Investigaciones Técnicas y Científicas (CONITYC). Presidido por él mismo, en su primera etapa congregó a importantes científicos, como los físicos José Balseiro y Enrique Gaviola, el ingeniero nuclear Otto Gamba y el astrónomo Juan Bussolini.

Perón fue derrocado por la Revolución Libertadora, movimiento cívico-militar que estalló en Córdoba en septiembre de 1955. Entre los sectores de las Fuerzas Armadas que pasaron a integrar el nuevo gobierno se distinguían dos líneas: el sector nacionalista-católico liderado por el general Eduardo Lonardi y la línea liberal-conservadora, representada por el general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Rojas quien, finalmente, mediante un golpe de estado interno desplazaría al primero y reemplazaría a Lonardi por Aramburu como “presidente” el 13 de noviembre de 1955[1].

En esa época, la política de ciencia y tecnología a nivel mundial se sustentaba en el paradigma del cientificismo: aquel que basa la esperanza del desarrollo económico en el sistema científico[2]. Luego del derrocamiento de Perón, el CONITYC había sido desmantelado y sería Bernardo Houssay quien retomaría la iniciativa de reorganizar su estructura[3]. Durante muchos años – desde 1937 – y a través de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, el ganador del Premio Nobel había manifestado la necesidad de crear un organismo gubernamental para impulsar la actividad científica en el país. Así nació en 1958 el CONICET, cuya estructura y funcionamiento fue inspirada por el Conseil National pour la Recherche Scientifique de Francia[4]. El 12 de mayo de ese mismo año, Houssay fue designado Presidente del CONICET, cargo que mantuvo hasta su muerte en 1971.  Durante toda su gestión,  sus esfuerzos se focalizaron en el fortalecimiento de la investigación básica[5].

En el año 1958, la Revolución Libertadora convocó a elecciones controladas por las Fuerzas Armadas y con proscripción total del Partido Justicialista.  Estas elecciones fueron ganadas por la UCRI, el sector de la Unión Cívica Radical liderado por Arturo Frondizi, con el apoyo del peronismo ilegalizado en ese entonces. En marzo de 1962 Frondizi fue derrocado por otro golpe cívico-militar. La “presidencia” fue asumida por José María Guido, cuya gestión se desarrolló bajo total control militar. En 1963, este gobierno convocó a elecciones limitadas, con proscripción del peronismo, en las que resultó electo como presidente Arturo Illia. Pero en junio de 1966 un nuevo levantamiento militar liderado por el general Juan Carlos Onganía derrocó a Illia.  Este golpe dio origen a una dictadura denominada Revolución Argentina, que ya no se presentó a sí misma como “gobierno provisional”, como en todos los golpes anteriores, sino que se estableció como un sistema de tipo permanente. No obstante, acosada por una insurrección popular creciente y generalizada, que incluyó al Cordobazo como uno de los hechos más destacados, en 1973 esta dictadura organizó una salida electoral con participación del peronismo  – aunque impidiendo la candidatura de Perón – en la que triunfó precisamente el candidato peronista Héctor J. Cámpora quien, a su vez, renunció para permitir nuevas elecciones libres que ganó Juan D. Perón. Éste moriría menos de un año después de haber sido electo y el gobierno, en manos ahora de la Vicepresidenta María Estela Martínez de Perón, sería también derrocado por un golpe militar en 1976[6].

Por su parte, a partir de mayo de 1973 y hasta el año 1981, el CONICET sería intervenido por los diferentes gobiernos – primero civil y luego militar – que se sucedieron.

 

1957-1963: La creación del Instituto de Biología Celular y la dirección de Rinaldini.

El IBC nació durante la presidencia del general Aramburu. En 1957 se asignaron, por decreto 14470/57 del Poder Ejecutivo Nacional,  $5.000.000 para la habilitación y equipamiento de un Instituto de Biología y Patología Celular dependiente de la FCM-UNC.

El 16 de abril de 1958 el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Médicas (HCD-FCM) aprobó la creación de este instituto de investigación e hizo lo propio el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Córdoba el 27 mayo del mismo año. El HCD-FCM decidió denominarlo “Instituto de Biología Celular” y aprobó el correspondiente Reglamento en noviembre de 1959[7]. La Universidad también proveyó fondos adicionales para adaptar a las necesidades del Instituto un edificio ya existente[8].

Se designó como director del IBC al Prof. Dr. Luis M. Rinaldini quien, al mismo tiempo, se haría cargo de la Cátedra de Histología y Embriología de la Escuela de Medicina de la UNC. Éste había sido discípulo de  Houssay[9] y había pasado los diez años anteriores en Cambridge trabajando en investigación del cáncer y en la enseñanza de la Histología[10]. El Dr. Rinaldini inició su clase inaugural con estas palabras:

“Después de diez años de ausencia, es para mí una gran satisfacción volver al país.  Me siento particularmente feliz y orgulloso de poder enseñar en la Universidad Nacional de Córdoba, la más antigua y tradicional del país, donde nació la revolución que nos libró de la barbarie.”[11]

Asimismo, planteó que, como director del IBC, su principal objetivo sería “investigar y formar investigadores” y que esperaba centrar la actividad de su laboratorio en ciertos problemas de la regulación del crecimiento y multiplicación celular relacionados íntimamente con el cáncer.  También expuso que el otro aspecto “más urgente e inmediato” de su misión sería formar buenos médicos[12].

Mientras las refacciones del edificio que ocuparía el IBC estaban en proceso, se realizaron algunas investigaciones en locales prestados, entre otros, por el Instituto de Investigación Médica Mercedes y Martín Ferreyra.  Este último había sido inaugurado en 1948 por otro discípulo de Houssay, Oscar Orías[13].

Finalmente, el edificio del IBC se inauguró oficialmente el 24 de octubre de 1962 en una ceremonia en la cual estuvieron presentes el Presidente de CONICET – Bernardo Houssay – y autoridades de la Universidad y de la Provincia de Córdoba[14].

En esta primera etapa, el IBC estuvo dedicado a la investigación básica y la formación de investigadores en el campo de la Biología Celular.  Dentro de éste, la actividad se focalizó en problemas de crecimiento, división y diferenciación celular a nivel de organismos unicelulares, en aspectos inmunológicos y de la histocompatibilidad, y en la metaplasia y transformaciones malignas de ciertas células.

En su primer informe, Rinaldini mencionaba que el progreso había sido “lento y dificultoso” a causa tanto de los obstáculos financieros y administrativos a nivel de la UNC, como de la inestabilidad política y social que atravesaba el país[15].

Entre las dificultades que el primer Director tuvo que sortear estaban los problemas relacionados con la enseñanza de los estudiantes de Medicina. Ya en su clase inaugural, Rinaldini expresaba su preocupación por la falta de recursos humanos y materiales para la enseñanza de un excesivo número de alumnos[16].  No obstante, hacia los inicios de la década de 1960 ya se había logrado formar una cantidad adecuada de Instructores que colaboraban en la docencia y permitían a los investigadores dedicar más tiempo a sus respectivos proyectos[17]. En esta etapa, el personal científico del IBC comprendía seis investigadores formados que, además, tenían el cargo de Profesores Adjuntos, cuatro asistentes de investigación, tres investigadores asistentes y siete estudiantes entre post-graduados y graduados.  Se estimulaba a los jóvenes graduados que realizaban sus investigaciones en el IBC a colaborar con la enseñanza pero no se les permitía hacer más de seis horas de docencia por semana[18].

Entre los investigadores que conformaban el personal científico estable del IBC había médicos y bioquímicos, todos ellos menores de 40 años y con estudios de postgrado en el exterior.  Asimismo, todos se habían formado con prestigiosos maestros tanto en el país como fuera de él y contaban con varias publicaciones al momento de ingresar al IBC [19].

Los principios que guiaban la organización general del instituto se orientaban al trabajo en equipo, la libertad de investigación – dentro de las áreas delimitadas por su director – y el intercambio con científicos de otros laboratorios del país y del exterior[20].

Respecto de la infraestructura, al momento de su inauguración oficial, el IBC contaba con oficinas, biblioteca propia y laboratorios provistos con equipos modernos[21].

En síntesis, en sus inicios el IBC poseía los recursos humanos y materiales, y el apoyo político que permitían suponer, al menos, una muy buena producción científica y un crecimiento sostenido en los años por venir.

Resulta importante destacar que en el discurso de Rinaldini se advierte una visión de la ciencia y la investigación fuertemente marcada por sus años de formación en Inglaterra. Visión que, sin dudas, intentaría plasmar en la organización y funcionamiento del IBC.

Durante estos primeros cinco años de vida del IBC, la producción del grupo de investigadores liderado por el Dr. Rinaldini dio lugar a siete publicaciones en revistas científicas nacionales e internacionales y a diez presentaciones en reuniones científicas, la mayor parte de ellas realizadas dentro del país[22].

 

1963-1967: Los directores interinos y la creación de la II Cátedra

Ya en su clase inaugural Rinaldini había expresado que su principal interés era la investigación[23]. Probablemente a ello se debió que fuera dejando paulatinamente las tareas docentes y administrativas de la cátedra en manos de otros docentes y se focalizara en las actividades de investigación del IBC.  Esta situación daría lugar a una serie de eventos que culminarían con la renuncia del Dr. Rinaldini.

En efecto, en el transcurso del año 1963 se descubrió que uno de los docentes de la cátedra – que no formaba parte del grupo de investigadores del IBC – se dedicaba a la venta de exámenes.  Esta actividad irregular se desarrollaba en las oficinas de una empresa inmobiliaria del centro de la ciudad de Córdoba.  El caso pasó a la Justicia Federal y este docente no solo fue expulsado de la Universidad Nacional de Córdoba, sino que se le prohibió volver a enseñar en cualquier universidad del país.  El Dr. Rinaldini no estaba al tanto de esta situación pero, ante el escándalo suscitado por el hecho, renunció a la cátedra y a la dirección del IBC y se fue de Córdoba[24] (*).

Ante la necesidad de asegurar el normal funcionamiento del instituto, en los años siguientes se alternaron interinamente en su dirección miembros del equipo de investigación: los Dres. Elías Halac, Ubaldo Rifé, José Braxs y Sofía P. de Fabro.  A su vez, primero Braxs (1963-1965) y luego Sofía Fabro (1965-1966) asumieron la titularidad de la cátedra de modo interino en tanto se cumplimentaba el correspondiente llamado a concurso[25]. Cabe destacar que durante toda esta etapa de inestabilidad institucional del IBC, la producción científica fue escasa[26].

En 1964, un investigador recién retornado de un largo período de formación en los Estados Unidos que se encontraba trabajando en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional del Nordeste,  fue invitado a dictar un curso de Histoquímica en la FCM-UNC. Se trataba del Prof. Dr. Benito Monis. Poco tiempo después, sería el mismo Decano de la Facultad quien le sugeriría que se presentara al concurso de Profesor Titular de la cátedra de Histología y Embriología y de Director del IBC, luego de conocer sus antecedentes y  apreciar su capacidad y entusiasmo para la enseñanza y la investigación en el área de la Histología[27].

Fue entonces cuando un grupo de profesores – que probablemente se sintieran amenazados por la aparición de Monis en la escena de la FCM-UNC – comenzó a presionar a las autoridades[28] que, finalmente, crearon una II Cátedra de Histología y Embriología en el año 1965. La Dra. Sofía Fabro fue nombrada en 1966 como Encargada de esta II Cátedra hasta el llamado a concurso que tendría lugar el año siguiente[29].

En efecto, a principios del año 1967, se sustanció finalmente el concurso público de oposición y antecedentes y Benito Monis ganó los cargos de Profesor Titular de la I Cátedra de Histología y Embriología y de Director del IBC con dedicación exclusiva[30].  El cargo de Profesor Titular de la II Cátedra se declaró desierto y por esta razón el Dr. Monis dictó simultáneamente la materia para ambas Cátedras hasta el nuevo llamado a concurso para cubrir el cargo de titular de aquella[31]. Esto ocurrió recién en 1971 y entonces la Dra. Fabro obtuvo la Titularidad por concurso de esta II Cátedra[32] (#).

 

1968-1976: Desarrollo del IBC bajo la dirección de Monis

Monis estudió Medicina en la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). Siendo aún un estudiante, en el período 1941-1944, fue parte de la comisión especial de Eduardo de Robertis[33] y luego,  seleccionado por el Dr. Bernardo Houssay para ser miembro de su comisión especial de Fisiología, integrada por solo 20 alumnos, los cuales tenían el privilegio de trabajar y ser formados personalmente por el eminente científico y profesor. Estas experiencias tendrían una importante influencia en Monis quien, en los años posteriores, fue interesándose cada vez más en la estructura de los tejidos y trabajando, en forma discontinua, en los laboratorios de Patología de distintos hospitales de la ciudad de Buenos Aires[34].

Una vez graduado, ingresó al Instituto de Medicina Experimental de la UBA para el estudio y tratamiento del cáncer (hoy Instituto de Oncología Ángel H. Roffo) donde realizó su trabajo de tesis y, poco tiempo después, obtuvo una beca para perfeccionarse en Estados Unidos.  Primero estuvo en el National Institute of Health en Maryland, luego en Harvard y, más tarde, en el Hopkins-Sinai de Baltimore. En total, Monis pasó diez años en el exterior y durante ese período obtuvo resultados originales en la caracterización histoquímica de glúcidos de las superficies celulares, convirtiéndose en uno de los primeros biólogos celulares en integrar eficazmente las disciplinas morfológicas, bioquímicas y biofísicas en un innovador enfoque multidisciplinario que luego transmitiría a sus discípulos. Sus hallazgos de esta etapa fueron publicados en unos 30 artículos, en las mejores revistas del mundo de ese entonces[35],[36].

Monis regresó a Argentina en febrero de 1964 para integrar el cuerpo docente de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional del Nordeste, bajo el auspicio del CONICET y en el marco de lo que constituyó el primer programa de repatriación de científicos residentes en el exterior. La finalidad de esta iniciativa era la recuperación de científicos que estaban en el exterior especializándose o que habían dejado las universidades argentinas debido a la política académica peronista. El programa incluía el pago de los gastos de transporte para el investigador y su familia, la provisión de equipamiento para su laboratorio y la actualización de las bibliotecas para dar continuidad a investigaciones que se consideraban relevantes para el fortalecimiento del sistema científico, tecnológico y productivo del país. Una Comisión de Repatriación estudiaba cada caso y gestionaba con las Universidades de Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Tucumán para insertar a los investigadores en áreas consideradas necesarias. Asimismo, en el año 1961 se creó la carrera del Investigador para formar equipos de trabajo con los científicos que regresaban[37]. Monis fue incorporado  a la misma en 1963 mientras aún residía en Corrientes.

Asumió sus cargos de Profesor Titular de la I Cátedra de Histología y Embriología y de Director del IBC por concurso en agosto de 1967, cuando el año lectivo ya estaba muy avanzado. En su discurso inaugural expuso los lineamientos de su plan docente y de investigación para la cátedra y el instituto, enfatizando la necesidad de contar con un microscopio electrónico y también servicios y laboratorios satélite[38].  Estos últimos aspectos pudieron concretarse recién a principios de la década de 1970 con la adquisición, a través de fondos de la UNC, del primer microscopio electrónico instalado en el ámbito del IBC y adecuando las instalaciones para su correcta utilización[39].  También explicitó su deseo de formar un equipo de investigación multidisciplinario y se abocó a esta tarea con entusiasmo[40].

Su actividad docente y de investigación se inició plenamente en el año 1968. En su rol de Profesor Titular de la I Cátedra de Histología y Embriología, realizó un cambio radical en el programa de la asignatura que generó resistencia tanto en algunos docentes como en los alumnos que iniciaban la cursada en ese momento.  Así, aprovechando un viaje de Monis al exterior, los estudiantes tomaron la cátedra.  Enterado de la situación, aquél regresó inmediatamente al país, recibió a sus alumnos y logró resolver pacíficamente la situación[41].

Como Director del IBC, durante este período formó a más de una decena de jóvenes que realizaron sus tesis doctorales en el IBC, muchos de ellos con becas de CONICET. Entre ellos, cabe citar a Roberto Rovasio, Mirta Valentich, Aldo R. Eynard, Dora Lis, Federico Kalinec, Iris Parlanti, Liliana Orellana, J. Maresso, Abel Viroglio, Elida Tosco de Losano, Alberto Rosa, Carlos Morales, Jorge Moreyra, Raúl Urrutia, Mauricio Bustos, Marcelo Rivolta, quienes ocupan u ocuparon importantes posiciones académicas dentro y fuera del país[42].

En estos años, el interés de Monis se centraría en el estudio de los glúcidos complejos de la superficie celular luminal de ciertas células. Durante la primera mitad de la década de 1970, en colaboración con algunos de sus discípulos, demostró la organización ultraestructural del glicocáliz de la membrana del glóbulo de grasa de leche y de túbulos colectores del riñón[43]. La producción científica de Monis en el IBC de los años 1968 a 1976 quedó plasmada en casi veinte artículos publicados, la mayor parte de ellos, en revistas científicas internacionales[44].

En el año 1973 Aldo Eynard inició su tesis doctoral bajo la dirección de Monis, el cual le propuso lo que sería el primer problema de patología experimental nutricional abordado en el IBC. En el transcurso de esta investigación – y cabe destacar que por pura casualidad – Monis y Eynard encontraron indicios de tumores uroteliales en sus modelos animales.  Este hecho fortuito daría inicio a la línea de cáncer y nutrición que el Dr. Eynard desarrollaría a partir de la década de 1980[45].

El 1º de junio de 1976, bajo la última dictadura que sufrió nuestro país y la intervención militar de la Facultad de Ciencias Médicas, Monis fue separado de sus cargos en medio de un procedimiento ilegal y traumático. Meses más tarde le sería restituido su cargo de Profesor Titular pero no la dirección del IBC, a la cual regresaría recién en 1985[46].

 

 A modo de cierre

El IBC nace en una época complicada – por denominarla de algún modo – de nuestra historia argentina y cordobesa.  No obstante, el apoyo político y económico recibido en su fundación, junto con las figuras científicas de Rinaldini primero y de Monis después, hacían suponer que se convertiría en un destacado centro de formación y producción científica en poco tiempo. Sin embargo, un hecho de corrupción interna –la venta de exámenes de 1963 – y un golpe de Estado junto con una intervención militar   –1976– dificultarían considerablemente las actividades en los años que siguieron a esos eventos.

Cabe mencionar que todos aquellos obstáculos serían ampliamente superados en las décadas posteriores. Así lo demuestran más de una veintena de tesis doctorales y de maestrías realizadas, más de 200 artículos en revistas de prestigio internacional, cientos de presentaciones a reuniones científicas dentro y fuera del país, varios convenios internacionales y visitas de científicos extranjeros concretados en los últimos 35 años que se sintetizan en el reconocimiento obtenido por parte del sistema científico nacional.  En efecto, en el año 2011, desde el Directorio de CONICET se anunció que el IBC sería el núcleo de una nueva Unidad Ejecutora de la Facultad de Ciencias Médicas de la  UNC con orientación en investigación multidisciplinaria en Ciencias de la Salud.

[1] Torre JC (Dir) Tomo 8 – Los Años Peronistas, 1943-1955. En: Nueva Historia Argentina, Buenos Aires: Sudamericana, 1998-2010.

[2] Leiva MJ. La emigración de profesionales y las políticas de vinculación. Una perspectiva social – histórica del caso argentino. V Coloquio Internacional sobre Gestión Universitaria en América del Sur, Mar del Plata, septiembre de 2005, p. 3.

[3] Atrio JL. CONICET: Ciencia y Tecnología para el Desarrollo – 1a Ed. – Buenos Aires: Edición Nacional Editora & Impresora, 2006. p. 44.

[4] Leiva, op.cit., p. 4.

[5] Foglia VG y Deulofeu V (eds.) Bernardo A. Houssay, su vida y su obra, 1887-1971, Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Buenos Aires, 1971.

[6] James D. (Dir.) Tomo 9 – Violencia, proscripción y autoritarismo, 1955-1976 En: Nueva Historia Argentina, Buenos Aires: Sudamericana, 1998-2010.

[7] Actas HCD-FCM, noviembre de 1959. Archivos de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de  Córdoba.

[8] Rinaldini LM. Primer Informe (1962-1963) del Instituto de Biología Celular. Septiembre 1963, p. 2.

[9] Burgos MH. Obituary – Luis M. Rinaldini, 1999.

[10] Rinaldini LM. Clase inaugural, Imprenta UNC, agosto 1957, p. 5.

[11] Ibíd., p. 9.

[12] Ibíd., p. 10-11.

[13] Cueto M. Laboratory styles in Argentine Physiology. Isis, 1994: 85, p. 228-246.

[14] Rinaldini, 1963, op.cit., p.2.

[15] Ibíd.

[16] Rinaldini, 1957, op.cit., p. 13.

[17] Cuando Houssay se enfrentó a una situación similar en la Universidad de Buenos Aires, desarrolló la estrategia de los Monitores o Instructores.  Éstos eran estudiantes avanzados que colaboraban con las clases prácticas de modo voluntario o recibiendo un pago prácticamente simbólico. El sistema permitía cubrir las necesidades de enseñanza de grupos numerosos de alumnos y aliviar el trabajo docente de los profesores investigadores. Houssay seleccionaba estos instructores entre sus mejores alumnos y así fue reclutando también a sus principales discípulos.  Cuando aparecían nuevos cargos docentes rentados que cubrir, estos estudiantes (algunos de ellos, ya graduados) tenían prioridad para ocuparlos.  Asimismo, para muchos de ellos, ese fue el inicio de una carrera como investigadores (Cueto, 1994).

[18] Rinaldini, 1963, op.cit., p. 2-4.

[19] Ibíd., p.6-9.

[20] Ibíd., p. 4-5.

[21] Ibíd., p. 3.

[22] Ibíd., p. 39-41.

[23] Rinaldini, 1957, op. cit., p. 10.

[24] Comunicación personal. Rovasio R y Eynard AR, 27 de abril de 2011.

(*) Alejado de Córdoba, Rinbaldini continuó su labor docente y de investigación en el Brooklyn College y en la Universidad de Nueva York hasta 1974. Más tarde, de regreso en Argentina, se radicó en Mendoza donde desarrollaría sus labores en la Universidad de Cuyo hasta su jubilación. Falleció en 1999 en esa misma ciudad (Eynard, 2002).

[25] Monis B. Conferencia Inaugural al hacerse cargo de la Dirección del Instituto de Biología Celular y  de la 1º cátedra de Histología y Embriología, UNC: Dirección General de Publicaciones, 1969, p. 4.

[26] Comunicación personal. Eynard AR, 27 de abril de 2011.

[27] Comunicación personal. Rovasio R y Valentich M, 27 de abril de 2011.

[28] Comunicación personal. Rovasio R, Eynard AR y Valentich M, 27 de abril de 2011.

[29] Eynard, op.cit.

30 Ibíd.

[31] Comunicación personal. Valentich M, 28 de abril de 2011.

[32] Eynard, op.cit.

(#) Sofía Parisi de Fabro fue la primera mujer en Argentina en ganar un cargo de Profesora Titular por concurso en una Facultad de Ciencias Médicas (Eynard, 2002)

[33] Eynard, op.cit.

[34] Monis, 1969, op.cit, p. 4-8.

[35] Comunicación personal. Valentich M, 28 de abril de 2011.

[36] Eynard, op.cit.

[37] Leiva, op.cit., p. 4.

[38] Eynard, op.cit.

[39] Comunicación personal. Valentich M, 28 de abril de 2011.

[40] Eynard, op.cit.

[41] Comunicación personal. Rovasio R, 27 de abril de 2011.

[42] Eynard, op.cit.

[43] Monis B. La Histología en los últimos cincuenta años en la Argentina En: Historia General de la Medicina Argentina (II), UNC: Dirección General de Publicaciones, 1980, p. 318.

[44] Pub Med Search: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed?term=Monis%20B, 28 de abril de 2011.

[45] Comunicación personal. Eynard AR, 27 de abril de 2011.

[46] Eynard, op.cit.